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Outrider cree que los desafíos globales que enfrentamos juntos deben resolverse trabajando juntos.

Entre las mayores amenazas para el futuro de la humanidad se encuentran las armas nucleares y el cambio climático global. Outrider hace la audaz afirmación de que ambas amenazas pueden superarse, y no solo por los hacedores políticos, sino también por las personas con las herramientas adecuadas e inspiración.

Las armas nucleares

Crónicas de la pandemia: ¿Libramos una guerra contra COVID-19?

by Marina Favaro

Usar el lenguaje de la guerra permite a los gobiernos aplicar medidas extraordinarias para hacer frente a la pandemia. Tenemos que asegurarnos de que no se convierta en nuestra nueva norma.

La llegada al mundo de COVID-19 ha resultado en diarias analogías bélicas, por cierto un tanto trilladas. Estas incluyen expresiones como “luchar” contra un “enemigo invisible”, “hospitales de campo”, “gabinetes de guerra”, “estados de emergencia” y empleados en “las líneas de frente” que se han movilizado en apoyo a la causa (bélica). El Fondo Monetario Internacional (FMI), una organización internacional que promueve la cooperación económica opina: ‘Parece una guerra, y de muchas maneras, lo es.’

Del mismo modo, el Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, advirtió que el brote actual de coronavirus es el desafío mundial más grande desde la Segunda Guerra Mundial. La reina Elizabeth II pronunció un inusual discurso a sus súbditos que recordaba la retórica de la guerra y el coraje marcial. Incluso antes de poner en marcha iniciativas importantes para mitigar la pandemia, el primer ministro británico Boris Johnson se declaró jefe de un “gobierno en tiempo de guerra” y declaró que los británicos “están resueltos a ganar la lucha y tienen los recursos para hacerlo”.

Queen Elizabeth on TV

El 5 de abril de 2020 desde el Castillo de Windsor, la reina Elizabeth II se dirige a la nación en una transmisión especial al Reino Unido y a la Comunidad de Estados Independientes en relación con el brote de Coronavirus.

Anthony Devlin/Getty Images

Calificar la lucha contra COVID-19 como una guerra “seguritiza” la conversación. Esto puede tener beneficios a corto tiempo para responder a la pandemia. Pero podría haber consecuencias sociales a largo tiempo.

Estas alusiones a la guerra tienen un tono mitológico. Pero el impacto va más allá de las palabras persuasivas. Calificar la lucha contra COVID-19 como una guerra “seguritiza” la conversación. Esto puede tener beneficios a corto tiempo para responder a la pandemia. Pero podría haber consecuencias sociales a largo tiempo. Si las medidas de excepción no se suspenden al terminar el estado de emergencia, nos arriesgamos a que estas medidas constituyan nuestro nuevo estado normal. Lo mismo podría decirse de la manera en que hablamos sobre las armas nucleares.

La “seguritización” construye amenazas que exigen extraordinarias medidas de respuesta

La teoría de la “seguritización”, de la Escuela de Relaciones Internacionales de Copenhague, examina cómo el acto de enmarcar un tema como una cuestión de seguridad genera un estado de emergencia anormal. Esto les da a los gobiernos, y a las fuerzas armadas en particular, una mayor licencia para promulgar medidas de excepción, tal como imponer el confinamiento o monitorear la información de los teléfonos móviles.

Para “seguritizar” algo de manera eficaz, el gobierno precisa hacer tres cosas. Primero, necesita afirmar que un problema constituye una amenaza existencial. Segundo, exigir el derecho de tomar medidas extraordinarias para lidiar con dicha amenaza. Tercero, convencer a la ciudadanía de que esas medidas excepcionales están justificadas para contrarrestar la amenaza.

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La “seguritización” puede, a veces, ser vital durante una emergencia. Puede permitir la rápida organización y prestación de servicios esenciales. Sin embargo, los gobiernos deben usar este mecanismo con moderación. Los efectos políticos y económicos de dichas políticas pueden extenderse más allá de las relacionadas con la pandemia. Además durante las llamadas situaciones “de excepción”, otros problemas escapan la atención del público. Como resultado, el público aplica un menor control a aquellos encargados de tomar las decisiones. A su vez, los gobernantes pueden ejecutar cambios potencialmente autoritarios. Todo esto tiene el potencial de socavar los procesos democráticos.

Existen muchos ejemplos de esto desde que se inició la pandemia. El parlamento húngaro ha promulgado una ley que le otorga al primer ministro Viktor Orban el poder de gobernar por decreto, sin plazo de expiración. Se lo llama el ‘Golpe Coronavirus. El primer ministro Benjamín Netanyahu ha seguido adelante con la anexión de todas las áreas que Donald Trump supuestamente había asignado a Israel. Y los gobiernos de China, Rusia y otros estados autoritarios están empleando el uso generalizado del reconocimiento facial y del control de los medios sociales de comunicación.

hungarian parliament

El primer ministro de Hungría, Viktor Orban y otros representantes votan el proyecto de ley del gobierno sobre la protección contra el nuevo coronavirus COVID-19 en la sesión plenaria del Parlamento húngaro en Budapest, Hungría el 30 de marzo, 2020.

ZOLTAN MATHE/POOL/AFP via Getty Images

“Seguritizar” la disuasión nuclear

Los partidarios del desarme nuclear están muy familiarizados con los peligros de la “seguritización”. Actúa como una barrera a cualquier discusión, por cierto necesaria, de alternativas a la disuasión nuclear, o inclusive a alteraciones pequeñas al estado actual que podrían ayudar a reducir los riesgos nucleares.

La “seguritización” de las armas nucleares funciona de este modo. Las amenazas actuales y las futuras, aún desconocidas, a la seguridad en el mundo, requieren medidas excepcionales. Estas medidas por lo general van en contra de las normas y reglas de la sociedad. En otras palabras, resultan en enormes inversiones en armamento, ignorando otros servicios públicos como la salud pública. Además, resultan en amenazas persistentes de violencia masiva dirigida a la población civil. Las armas nucleares están tan estrechamente asociadas con la seguridad nacional, que los partidarios de la disuasión nuclear se colocan fácilmente dentro del marco de la seguridad, y al mismo tiempo, colocan a los oponentes en el de las amenazas a la seguridad.

Los defensores del desarme nuclear han procurado romper este discurso de “seguritización”. Esto incluye iniciativas encabezadas por estados sin armas nucleares dentro del Tratado de No-proliferación para reducir la importancia de las armas nucleares. Y más recientemente, el enfoque estigmatizador del Tratado de Prohibición de Armas Nucleares. Por otro lado, aquellos que poseen armas nucleares, señalan el ambiente de seguridad para justificar la relevancia continua de las armas nucleares. Este efecto se ha profundizado en los últimos años, con un discurso, cada vez más común, sobre la naturaleza precaria de la seguridad. Con frecuencia, esto incluye un lenguaje que toca en la gama de amenazas “sin precedentes”, como en la Revisión de la postura nuclear 2018 de los Estados Unidos.

officials stand at podium

Nikki R. Haley (centro), representante permanente de los Estados Unidos, se dirige a la prensa en nombre de los estados miembros opuestos a la conferencia de las Naciones Unidas para negociar un documento vinculante que prohibiría las armas nucleares, antes de iniciarse la conferencia. La acompaña Alexis Lamek (izquierda), representante permanente adjunto de Francia y Matthew Rycroft, representante permanente del Reino Unido.

UN Photo/Mark Garten

Significativamente, la práctica de la disuasión nuclear (es decir, el uso de armas nucleares para impedir una acción) se ha convertido no solo en una doctrina militar, sino en los mismos motivos por los que los gobiernos han tratado de justificar las armas nucleares. Por ejemplo, el Reino Unido se refiere a su programa de armas nucleares simplemente como la disuasión nuclear. “Seguritizar” el tema significa que hay poco o ningún espacio para un diálogo alternativo. Las armas nucleares ocupan una posición intocable en el orden global como se lo percibe.

“Deseguritizar” COVID-19

Cada vez menos personas hoy en día recuerdan un mundo sin armas nucleares. La naturaleza “extraordinaria” de las armas nucleares se ha olvidado, en gran medida. La situación actual se ha convertido en algo normal. La línea de base ha cambiado. Esta historia podría ser una advertencia cuando se trata de aplicar el lenguaje bélico a la pandemia de COVID-19. Si las medidas de excepción como la vigilancia generalizada no se terminan con el estado de emergencia, pues entonces estas medidas empiezan a constituirse en la nueva norma. Si COVID-19 es de hecho una guerra, entonces tenemos que planificar ahora mismo su “deseguritización”. Debemos planificar para sacar el tema de la esfera de la seguridad y volver al ámbito del debate democrático apropiado.

Este artículo fue escrito en colaboración con el Consejo Británico-Estadounidense de Información sobre Seguridad / British American Security Information Council (BASIC). BASIC conecta a los gobiernos, a los líderes que influyen en la generación de políticas y a los expertos para diseñar propuestas creíbles con el fin de crear confianza internacional, reducir el riesgo del uso de armas nucleares y avanzar hacia el desarme nuclear.

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