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Las armas nucleares

Crónicas de la pandemia: ecos de la historia para la Nación Navajo durante la pandemia por COVID-19

by Marina Favaro

Durante la Guerra Fría, cientos de navajos contrajeron cáncer y enfermedades respiratorias a causa de la explotación de las minas de uranio y la conducción de pruebas nucleares en las cercanías de su territorio. Ahora, una vez más, una enfermedad respiratoria está devastando a la Nación Navajo: COVID-19.

Hacia fines de mayo, 2020, la Nación Navajo superó a Nueva York y a Nuevo Jersey al alcanzar el número más alto per cápita de casos de coronavirus en los Estados Unidos. La respuesta, o la falta de una respuesta por parte del estado colonizador, es la continuación de una violenta historia. La Nación Navajo ha sufrido una reubicación forzada, el encarcelamiento masivo, explotación tanto de los recursos de la tierra como de la mano de obra, insuficiente compensación e insuficientes asignaciones para la salud pública.

Antes del coronavirus, se trataba de armas nucleares. Históricamente, la producción de armas nucleares ha afectado desproporcionadamente a los navajos. En otras palabras, procurar la seguridad de los estadounidenses en términos tradicionales, ha aumentado la inseguridad de los navajos en cuanto a su salud.

En resumen, la intersección de los traumas históricos, los factores estresantes acumulados y los pobres determinantes sociales es crucial para comprender lo que está ocurriendo en la Nación Navajo con respecto a COVID-19.

family sits at a table all with masks covering their mouths and noses

Emerson Gorman (der.), un anciano navajo, posa con su hija (de izq. a der.) Naiyahnikai, esposa Beverly, y nieto Nizhoni cerca del pueblo Steamboat de la Nación Navajo en Arizona, el 23 de mayo 2020. Emerson Gorman sabe lo que significa tener que soportar la destrucción de su cultura: cuando tenía cinco años fue uno de los cientos de niños navajo que fueron separados de sus familias y enviados a escuelas cristianas que trataron de cambiar sus creencias. Ahora, a los 66 años, el curandero tradicional, que vive en la reserva indígena más grande de los Estados Unidos, ve que es su deber transmitir su sabiduría en estos momentos en que la comunidad encara una amenaza existencial en medio de la pandemia por el coronavirus.

MARK RALSTON/AFP via Getty Images

Peligros inexplicables

Navajoland (o Diné Bikéyah) se extiende a través de lo que hoy es Arizona, Nuevo México y Utah. Es la mayor superficie de tierra retenida por una nación indígena en los EE.UU. Como punto de referencia, es mayor que 10 de los 50 estados de los Estados Unidos. Pero la Navajoland moderna es una interpretación reciente, y solo una pequeña porción de la patria ancestral de los Navajos.

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Entre 1864 y 1866, los Navajos fueron obligados a caminar desde su tierra ancestral hasta la Reserva Bosque Redondo en Fort Sumner, en lo que es actualmente Nuevo México. Este período en la historia de los Navajos se conoce como “La larga caminata”. Aunque pretendía ser una reserve, Bosque Redondo funcionaba como un campo de internación. Casi un tercio de los internados allí murieron por enfermedad, hambre y exposición a los elementos, cautivos por el ejército de los Estados Unidos. Esta deportación y encarcelamiento equivalen a un intento de limpieza étnica del pueblo Navajo por parte del gobierno federal.

group of Navajo

Miembros de la Nación Navajo cerca de Fort Sumner, Nuevo México, durante el Largo Camino.

U.S. National Archives

En 1868, los líderes navajos y el gobierno federal negociaron el Tratado de Bosque Redondo, el que permitía a los navajos supervivientes retornar a una reserva en una parte de su antigua patria. Aunque la tierra de los navajos parecía ser un poco más que una desolada sección del suroeste, en la década de 1920 se descubrió petróleo. Así comenzó un siglo de explotación de valiosos recursos en Navajoland, incluyendo petróleo, gas, carbón, uranio y agua. A finales de la década de 1940, el gobierno de los Estados Unidos comenzó a comprar todo el uranio extraído internamente en un esfuerzo por reducir su dependencia de fuentes extranjeras.

Se minaron grandes depósitos de uranio en Navajoland y en las proximidades, sin ninguna regulación ambiental. La minería de uranio atrajo a muchos indígenas, específicamente a los navajos, para trabajar en las minas y las fábricas. La minería puso en peligro a miles de trabajadores navajos y contaminó el aire y el agua. Los navajos no recibieron ninguna información del riesgo de los materiales radiactivos. Por lo tanto, permitieron que su ganado bebiera de pozas contaminadas y construyeron casas con material desechado de las minas. Durante los años de la Guerra Fría muchos de los navajos padecieron cáncer y contrajeron enfermedades respiratorias como resultado de la minería de uranio y las pruebas nucleares en las proximidades.

Two Navajo miners standing

Dos hombres Navajo (Diné) buscando uranio en los afloramientos rocosos de Monument Valley en la reserva de la Nación Navajo, Arizona, mayo de 1951. La extracción de uranio y vanadio comenzó en la zona en 1942.

Loomis Dean/Getty Images

Para abordar esta inequidad, una iniciativa de toda la reserva dio lugar al trabajo conjunto entre activistas, líderes políticos y abogados para redactar el proyecto de ley de compensación por radiación que se aprobó en 1990. La Ley de compensación por exposición a la radiación (RECA) concedió una compensación a los afectados por la radiación. Se enmendó en el año 2000 para abordar las deficiencias de la legislación original.

Una respuesta inadecuada y lenta

Hoy en día, una nueva enfermedad respiratoria amenaza a las comunidades navajo. El virus se propagó rápidamente entre los navajos desde que se confirmó el primer caso a fines de marzo, a pesar de que el gobierno tribal impuso, rápidamente, algunas de las órdenes de permanencia en el hogar más estrictas en el país, que incluían el cierre de las escuelas y la imposición de toques de queda.

police officers talk

Oficiales de policía de la Nación Navajo en un punto de control en el pueblo de Chinle, Arizona el 23 de mayo 2020, durante el toque de queda de 57 horas que se impuso para tratar de detener la transmisión del coronavirus en la Nación Navajo. Un retraso de semanas en el suministro de la asistencia que las tribus nativas necesitaban para lidiar con el virus exacerbó el brote. Como parte del paquete de estímulo de 2,2 millones de dólares que se aprobó a finales de marzo de 2020, las tribus nativas americanas recibieron una asignación de 8 mil millones de dólares, pero no fueron desembolsados sino hasta mediados de mayo, 2020.   

 

MARK RALSTON/AFP via Getty Images

Estadísticas recientes sugieren que el COVID-19 ha afectado a 2,3% de la población. Existen varias razones por las que esta pandemia ha golpeado tan duramente a Navajoland. Muchos residentes navajos viven en hogares multigeneracionales, lo que hace casi imposible detener la propagación del virus dentro de una casa. Además, más de 30% de los residentes no tiene acceso a agua corriente limpia, lo que plantea graves problemas de saneamiento y del lavado de manos. Muchas casas que carecen de agua potable también no cuentan con corriente eléctrica, lo que aumenta las probabilidades de exponerse al virus, ya que los residentes tienen que comprar comida a diario, en vista de que no tienen una manera eficiente de almacenarla. La tasa de desempleo antes de la pandemia del coronavirus era 42%, y 43% de los navajos vive por debajo del umbral de pobreza.

large pile of bottled water

Miembros de la Nación Navajo hacen cola en sus vehículos en un centro de distribución para recibir agua y suministros en medio del brote de Covid-19. Valle Monumento, en la frontera entre Utah y Arizona, 21 de mayo, 2020. Según el Centro para el Control y Prevención de las Enfermedades, “lavarse las manos es fácil, y es una de las maneras más efectivas para prevenir la propagación de gérmenes”. Este es un consejo que se enfatizó infinitamente durante los meses de la pandemia. Y esto no es posible para un 30 a 40% de los 178.000 residentes de este territorio soberano que no tienen acceso a agua corriente o al saneamiento. Esta es una de las razones más importantes por el aumento en casos de COVID-19 en la reserva de nativos americanos más grande en los Estados Unidos, que tiene una de las tasas de mortalidad per cápita más alta del país.

MARK RALSTON/AFP via Getty Images

Como se abordó anteriormente en otro artículo de las Crónicas de la pandemia, las poblaciones minoritarias han sufrido desproporcionadamente por COVID-19. Esto enfatiza la relevancia de los factores determinantes de la salud. En otras palabras, las condiciones en las que una persona nace, crece, vive, trabaja y envejece determinan la calidad de su acceso a la atención sanitaria.

En una entrevista para este artículo, Len Necefer, profesor adjunto del programa de estudios sobre los indios americanos de la Universidad de Arizona, pidió a los lectores que consideraran, por ejemplo, el impacto de los “desiertos alimentarios” y las disparidades en materia de salud para el pueblo navajo. Las tasas de diabetes, obesidad, hipertensión y otras enfermedades causadas por el estilo de vida se ven exacerbadas por los “desiertos alimentarios” y la destrucción de los sistemas tradicionales para la alimentación. Después de la Segunda Guerra Mundial, se arrojaron a las reservas las raciones para los soldados y alimentos básicos. Pero el efecto fue reemplazar la comida sana por comida procesada barata que ha tenido resultados adversos para la salud de los Navajos.

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La falta de acceso adecuado a la atención médica para los pueblos indígenas, a pesar de ser un derecho establecido en el tratado, ha dado como resultado altas tasas de enfermedades (por ejemplo, diabetes, enfermedades cardíacas y asma) que aumentan la probabilidad de que el paciente deba ser hospitalizado, o incluso que muera, si padece de COVID-19. Además, la Nación Navajo está acosada por injusticias estructurales, económicas y sanitarias generalizadas que han contribuido a la propagación del coronavirus y han obstaculizado los esfuerzos por ponerle freno.  

La respuesta lenta e inadecuada del gobierno federal ha exacerbado el problema. La Nación Navajo recibió $600 millones de dólares de fondos federales para el alivio del coronavirus seis semanas después de que se prometieran dichos fondos, una semana después de que el gobierno incumpliera el plazo de distribución de fondos establecido por el congreso y solo después de que se demandara al gobierno federal para determinar quién es elegible para recibir el dinero.

Si hubiéramos recibido [la asistencia federal] hace un mes, nos habríamos asegurado de tener las pruebas rápidas de las que hemos oído hablar. Tendríamos ventiladores. Habríamos hecho venir antes al personal adicional. Tengo que creer que habríamos salvado muchas más vidas si hubiéramos tenido el dinero antes.

Myron Lizer, Vice Presidente de la Nación Navajo

Esto plantea interrogantes en torno a la violación de los Estados Unidos de las obligaciones adquiridas en virtud del tratado. A cambio de tierras, muchas tribus recibieron garantías de atención médica y educación. Pero la atención sanitaria y la educación de los navajos nunca han recibido el financiamiento adecuado. En resumen, los Estados Unidos no han  financiado adecuadamente la atención sanitaria en la reserva, entre otros servicios necesarios. Por ejemplo, la Unidad de Cuidados Intensivos de los 4 hospitales del Servicio de Salud de los indios en el área Navajo tiene solo 6 habitaciones. Debido a esto, los navajos que requieren atención médica deben trasladarse muy lejos de su tierra natal. No ayuda en nada que el gobierno de Donald Trump haya socavado a las tribus.

Plagada de enfermedades respiratorias durante un siglo

La explotación de uranio en las tierras navajo terminó en 1986, pero tan recientemente como en 2016, el CDC informó que todavía hay bebés de padres navajo que nacen con rastros de uranio en la orina.  Se ha demostrado que la exposición al arsénico, que frecuentemente acompaña la exposición al uranio, es un factor que aumenta el riesgo de padecer diabetes, un conocido factor de comorbilidad de COVID-19.

medical staff pose in a line with masks covering their faces

Personal médico en un centro de pruebas para Covid-19 en el pueblo de Valle Monumento en Arizona, 21 de mayo, 2020.

MARK RALSTON/AFP via Getty Images

Las naciones indígenas han estado expuestas a grandes cantidades de desechos radiactivos y peligrosos pues viven cerca de lugares de pruebas nucleares y minas de uranio.

Ya que los EE.UU. aún no han decidido qué es lo verdaderamente importante, la misma comunidad está sufriendo innecesariamente una vez más.

Podemos ver ecos del debate “misiles vs. máscaras médicas” en esta “injusticia ambiental”. En la búsqueda por garantizar la seguridad de los estadounidenses (en términos tradicionales) mediante la construcción de armas nucleares, el complejo industrial nuclear de los EE.UU. hizo que sus comunidades indígenas, los navajos, principalmente, quedaran inseguros en términos de su salud. Ya que los EE.UU. aún no han decidido qué es lo verdaderamente importante, la misma comunidad está sufriendo innecesariamente una vez más.

Es necesario un cambio sistémico para hacerle frente a la larga historia de inequidades ambientales y sanitarias para el pueblo navajo. La justicia para los navajos requiere de medidas decisivas, en dos frentes, por parte del Congreso: primero, reforzar la asistencia federal a las naciones indígenas en la lucha contra el coronavirus, y segundo, actualizar la Ley de Compensación por Exposición a la Radiación (RECA), que expirará en 2022 y que necesita urgentemente de una reforma.

El contenido del artículo se produjo en colaboración con al Consejo de Seguridad Británico Americano (BASIC, por su nombre en inglés). BASIC conecta a gobiernos, personas influyentes en materia de política y expertos para diseñar propuestas creíbles con el fin de general confianza internacional, reducir el riesgo del uso de armas nucleares y promover el desarme nuclear.

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