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Entre las mayores amenazas para el futuro de la humanidad se encuentran las armas nucleares y el cambio climático global. Outrider hace la audaz afirmación de que ambas amenazas pueden superarse, y no solo por los hacedores políticos, sino también por las personas con las herramientas adecuadas e inspiración.

Las armas nucleares

Crónicas de la pandemia: Misiles vs. máscaras médicas

by Marina Favaro

En la anterior Crónica de la pandemia, exploramos la pregunta de si libramos una guerra contra COVID-19. En esta ocasión, preguntamos: si esta es una guerra, pues entonces, ¿quiénes son las víctimas?

COVID-19 afecta más a las mujeres, por márgenes abrumadores. Lo mismo ocurre con la guerra y las armas nucleares. Esto se debe a que los papeles y acciones que se consideran femeninos se valoran menos en nuestra sociedad que aquellos que se consideran masculinos. Esto culmina en el debate sobre “misiles vs. máscaras médicas”.

La mayoría de los trabajadores de primera línea son mujeres

La pandemia por el COVID-19 ha arrojado luz sobre las desigualdades preexistentes que se manifiestan a lo largo de las líneas divisorias de género. Esto incluye a los trabajadores de los supermercados, trabajadores de la salud, niñeros, limpiadores, maestros y empleados de las guarderías. En los Estados Unidos y el Reino Unido las mujeres de color tienen una mayor probabilidad de realizar trabajo esencial que ninguna otra persona.

La concentración de mujeres en empleos que pagan muy poco contribuye a su inseguridad, tanto en términos de su salud como financieros. Las mujeres tienen un riesgo mayor de contraer COVID-19. Y la pandemia ha tenido un impacto mayor en los ingresos de las mujeres, comparado con el de los hombres. El Instituto para Estudios Fiscales reveló que, previo a la crisis, las mujeres tenían una probabilidad un tercio mayor que los hombres de trabajar en un sector que ahora está cerrado.

nurses put on protective gear

La enfermera Amanda Miller (d) ayuda a la enfermera Kristyna Saja mientras se pone equipo de protección personal (EPP) antes de atender a un paciente de COVID-19 en la Unidad de cuidados intensivos (UCI) del Hospital Sharp Grossmont en medio de la pandemia por el coronavirus, el 5 de mayo, 2020 en La Mesa, California.

Mario Tama/Getty Images

El Equipo de protección (EPP) frecuentemente no les queda bien a las mujeres que trabajan en cargos de primera línea, tal como enfermeras y proveedoras de cuidado personal. El diseño estándar se ajusta a los tamaños y necesidades de un hombre. Un mundo construido considerando a los hombres, ignora a la mitad de la población, sistemáticamente. Y las consecuencias pueden ser desastrosas.

La interseccionalidad es una manera de considerar todos los aspectos de la identidad (por ejemplo, género, raza, clase, sexualidad, capacidad) que se intersecan para darle forma a las experiencias de un individuo. Es indiscutible que existe una dimensión interseccional de este problema; una creciente base de datos señala que las comunidades de color están siendo más duramente afectadas por COVID-19. En los EE.UU. y el Reino Unido, “de bajos ingresos” significa, desproporcionadamente, “negro” o “moreno”, lo cual aumenta el riesgo de los trabajadores esenciales. Esto puede verse claramente en el hecho de que los primeros 10 doctores en el Reino Unido que murieron a causa del virus eran todos individuos de color.

Woman with a medical mask on looks at her son

Sevonna Brown de Black Women's Blueprint, un grupo de ayuda mutua mira a su hijo, Panther Herd, 2, el 11 de mayo, 2020, en el barrio de Bedford-Stuyvesant en el municipio de Brooklyn en la ciudad de Nueva York. Los grupos vecinales de ayuda mutua han surgido a lo largo y ancho de la ciudad de Nueva York con la intención de aliviar el impacto económico de ocho semanas de confinamiento económico y la pérdida de ingreso resultante. Black Woman's Blueprint tiene una furgoneta llamada a Sistas Van que visita comunidades de color de escasos recursos.

Stephanie Keith/Getty Images

Las armas nucleares afectan a las mujeres desproporcionadamente

Así como el impacto oculto de COVID-19 recae sobre las mujeres, lo mismo puede decirse del impacto de las armas nucleares. La detonación de armas nucleares afecta a las mujeres y a los hombres de diferente manera. Los efectos biológicos de la radiación ionizante son diferentes. Y así también difieren los impactos sociales, económicos y psicológicos del uso de las armas nucleares.

Los diferentes efectos biológicos se hacen más obvios en las mujeres que sobrevivieron las bombas en Hiroshima y Nagasaki. Las mujeres que sobrevivieron murieron por exposición a la radiación ionizante a una tasa que es el doble de la de los hombres. Chernóbil ha revelado lo mismo. Las niñas eran mucho más susceptibles que los niños de padecer de cáncer de la tiroides debido a la precipitación radiactiva. Y las mujeres embarazadas expuestas a la radiación nuclear, como aquellas en la proximidad del sitio soviético de pruebas nucleares en Semipalatinsk, tienen un riesgo mayor de dar a luz niños con deformaciones físicas o nacidos muertos. Esto también da lugar a un mayor índice de mortalidad materna.

woman holds daughter in her arms

Ann Savula, 36, arrulla a su hija Dasha, 9, en su apartamento de Gomel, Bielorrusia, el 5 de abril, 2016. Dasha nació con una enfermedad debilitante llamada el síndrome de Dandy-Walker así como también con un defecto congénito en el corazón que la han dejado con una mínima habilidad cognitiva y ninguna función motora, y requiere de cuidado las 24 horas del día. Ann era una pequeña de 6 años que vivía en Gomel cuando el reactor número cuatro en la planta nuclear de Chernóbil explotó y produjo una precipitación altamente radiactiva sobre la ciudad de Gomel. Un estudio que realizó en 2010 el investigador estadounidense Wladimir Wertelecki en tres condados contaminados a causa del incidente en Chernóbil en el norte de Ucrania, encontró una correlación entre las tasas elevadísimas de ciertos defectos congénitos de nacimiento y la presencia de peligrosos niveles de estroncio-90 en 48% de las 20.000 mujeres a quienes se les administró la prueba.

Sean Gallup/Getty Images

En lo que se refiere a los impactos sociales, económicos y psicológicos de las armas nucleares, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (CSNU)  destaca  que las mujeres y niñas sufren de manera desproporcional durante la guerra y después de ella. Esto se debe a que las desigualdades existentes se magnifican, y las redes sociales de apoyo se debilitan. Como resultado, las mujeres son más vulnerables a la violencia sexual y a la explotación. A pesar de estos impactos desproporcionados, persiste la baja representación de las mujeres en el campo de la política nuclear. Esta falta de representación es aún más pronunciada entre las mujeres de color.

Si bien las mujeres has sido líderes en el campo de la política nuclear durante décadas, éste sigue siendo abrumadoramente blanco y masculino. Las profesionales femeninas han sido excluidas del discurso de las políticas públicas (que se considera masculino). Al mismo tiempo, se ha creado un discurso alternativo que caracteriza la oposición a las armas nucleares como femenina.

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No se trata solo de que más mujeres tengan “un lugar en la mesa”. Tampoco se trata de hacer cumplir la paridad de género en los foros de formulación de políticas. El enfoque a la inclusión que consiste en, “añadir mujeres y batir”, se ha descartado en gran medida por ser inadecuado. La presencia física de las mujeres no equivale necesariamente a la inclusión de perspectivas de género. Como señala la ex Subsecretaria de Defensa de los Estados Unidos, Michèle Flournoy, las limitaciones de la mujer en el espacio de formulación de políticas es una “camisa de fuerza consensual.” El punto es este: la codificación de género determina las prioridades políticas.  

Volver a conceptualizar la seguridad nacional después de COVID-19

En la teoría del contrato social de la filosofía política, los ciudadanos entran en un acuerdo con su gobierno. Los ciudadanos concuerdan en renunciar a ciertos derechos y libertades. A cambio, el gobierno acuerda protegerlos. Pero, debido a que los recursos son limitados, los gobiernos no pueden protegerse contra todo tipo de amenazas. Las prioridades de un gobierno dependen de su definición de seguridad. El debate sobre “misiles vs. mascaras médicas” es un ejemplo de esta compensación.

Dar prioridad al financiamiento de la defensa por encima del financiamiento de la salud lo pone de manifiesto muy claramente. Los países tienden a ver la seguridad nacional como lo más importante. Esto es inextricable de la visión que percibe a los misiles como agresivos, penetrantes y masculinos. Mientras que las máscaras médicas son cosa pasiva y femenina de los cuidadores y de aquellos que brindan atención médica.

group of medical workers stand shoulder to shoulder

Trabajadores en el área de salud afuera del hospital Langone Health de la Universidad de Nueva York mientras la gente aplaude para mostrar su gratitud al personal médico y a los trabajadores esenciales durante la pandemia de coronavirus, el 12 de mayo 2020 en la ciudad de Nueva York.

Noam Galai/Getty Images

Esto hace que los políticos tengan que justificar el enorme costo de los misiles a costa de las máscaras médicas. A una escala mucho mayor, será necesario volver a conceptualizar la seguridad nacional después de COVID-19. Dado que los países estaban lamentablemente muy mal preparados para hacerle frente a COVID-19 y que los ejércitos no se han diseñados para responder a este tipo de amenaza, muchos ciudadanos deberán examinar sus propias definiciones de lo que es la seguridad nacional y analizar, con renovado escrutinio, los inflados presupuestos de defensa.

Adoptar un enfoque que considera el género, como hemos hecho en los casos de COVID-19 y las armas nucleares, exacerba las desigualdades preexistentes. Ha llegado la hora de analizar la seguridad de otra manera. Es hora de desechar la noción anticuada de que el gasto en defensa nacional garantiza la seguridad de los ciudadanos. Ya es hora de valorar a nuestros cuidadores, a nuestros empleados en el área de la salud y a los trabajadores esenciales tanto como valoramos nuestro poderío militar. De no hacerlo, no saldremos adelante.

Este artículo fue escrito en colaboración con el Consejo Británico-Estadounidense de Información sobre Seguridad / British American Security Information Council (BASIC). BASIC conecta a los gobiernos, a los líderes que influyen en la generación de políticas y a los expertos para diseñar propuestas creíbles con el fin de crear confianza internacional, reducir el riesgo del uso de armas nucleares y avanzar hacia el desarme nuclear.

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