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Entre las mayores amenazas para el futuro de la humanidad se encuentran las armas nucleares y el cambio climático global. Outrider hace la audaz afirmación de que ambas amenazas pueden superarse, y no solo por los hacedores políticos, sino también por las personas con las herramientas adecuadas e inspiración.

El Cambio Climático

Desperdicio de alimentos: el problema medioambiental más tonto

Tú puedes ayudar a reducir el cambio climático, ahorrar dinero, preservar energía y alimentar a los hambrientos. Lo único que necesitas hacer es dejar de desperdiciar tanta comida.

Al desperdicio de alimentos se lo llama “el problema medioambiental más tonto”. Cada año, en los Estados Unidos, una familia promedio de cuatro personas arroja a la basura alrededor de $2 mil dólares en alimentos. Del 30 al 40 por ciento de la totalidad de alimentos producidos en el país, termina desechado. 

A la hora de la cena, nuestros padres nos obligan a terminar con todo lo que está en nuestros platos. Más allá de las razones morales o económicas, resulta que también existe una cuestión ambiental muy importante. Cuando la comida termina en los vertederos de basura, ésta produce metano, que es un gas de efecto invernadero mucho más potente que el famoso dióxido de carbono, el cual se produce por el uso de combustibles fósiles.

De hecho, si el desperdicio de alimentos fuese un país, éste sería el tercer mayor emisor de gases de efecto invernadero del mundo, después de China y de los Estados Unidos. Pocos se dan cuenta que cuando dejan algunas uvas en el cajón del fondo en el refrigerador, y las olvidan, están contribuyendo al cambio climático.

Food Waste

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Arrojar la comida en casa es solo una parte del problema. Tal como lo ha identificado un informe del Consejo para la Defensa de Recursos Naturales, “Dejamos campos enteros sin cosechar, rechazamos productos agrícolas únicamente por razones cosméticas, desechamos cualquier cosa que haya pasado o se encuentre cerca de la fecha de caducidad, exigimos porciones enormes a los dueños de los restaurantes, y dejamos podrir cantidades absurdas de comida en el fondo de nuestros refrigeradores.”

Cuando tiramos comida no solo estamos desaprovechando calorías, sino también estamos derrochando la energía que se ha usado para cultivar cereales y criar ganado, así como la energía utilizada para transportar, refrigerar y empacar los alimentos.

Es hora de que la gente, restaurantes, supermercados y granjas tomen en cuenta estos costos al medioambiente cada vez que compran de más o se deshacen de comestibles. El gobierno federal ha reconocido la necesidad de hacer frente a este problema. En 2015, el Departamento de Agricultura y la Agencia de Protección al Ambiente establecieron la meta de reducir el desperdicio de alimentos, a la mitad, para el año 2030. Es una meta alcanzable y todos tenemos un papel que desempeñar.

En mayo, el Secretario de Agricultura, Sonny Perdue, presidió una mesa redonda en Washington sobre el desperdicio de alimentos.

Indicó que “la abundancia agrícola de nuestra nación debe utilizarse para alimentar a aquellos que lo necesitan, no para llenar el bote de basura”. Asimismo, señaló que “mucha gente trabaja en temas relacionados al desperdicio de alimentos en sus propios ámbitos, pero es hora de cambiar la cultura y adoptar un enfoque holístico para lograr que todos trabajen conjuntamente y que intercambien ideas”.

En otras latitudes, algunos gobiernos han tomado medidas más drásticas para cortar de raíz el problema del desperdicio de alimentos. Francia, por ejemplo, prohíbe que las tiendas de abarrotes tiren cualquier producto comestible. Corea del Sur prohíbe el desecho de alimentos en los vertederos y obliga al público a separarlos de la basura regular. 

Si bien —políticamente hablando— pareciera difícil la aplicación de estas medidas en los Estados Unidos, en algunos estados se están llevando a cabo acciones más modestas como restringir la cantidad de desperdicios que puede enviarse a los vertederos de basura. Debemos apoyar estos loables esfuerzos. Sin embargo, el avance real surgirá cuando la gente y los negocios intensifiquen sus esfuerzos para resolver este problema. Muchos ya lo están haciendo.

La Alianza para Reducir el Desperdicio de Alimentos, una iniciativa conjunta entre la Asociación de Fabricantes de Alimentos, el Instituto de Mercadotecnia en Alimentos, y la Asociación Nacional de Restaurantes; está trabajando para estandarizar el etiquetado de productos que ayude a los consumidores a determinar si un alimento es, a pesar de la fecha de caducidad, seguro para su consumo.

Existen también organizaciones como “Food Cowboy”, “Rescuing Leftover Cuisine” y “Meal Connect”, las cuales incorporan la tecnología en la donación de alimentos, permitiendo a granjas, tiendas de abarrotes y restaurantes, donar sus excedentes a bancos de alimentos. Algunas cadenas de supermercados también están llevando a cabo acciones para coordinar donaciones de alimentos que no se vendieron a grupos que se encargan de alimentar a los necesitados. Por ejemplo, “Trader Joe’s” tiene Coordinadores de Donaciones en todas sus tiendas, que trabajan para donar los alimentos que no se vendieron a organizaciones sin fines de lucro.

Un enorme campo, en Florida, con pilas de tomates y judías verdes podridas.

Un enorme campo, en Florida, con pilas de tomates y judías verdes podridas.

Getty Images

Por otro lado, existe la llamada “comida fea”, que son frutas y verduras poco estéticas, pero que mantienen un sabor y cualidades nutricionales idénticas a las frutas y verduras bien proporcionadas. Compañías como “The Misfits” venden productos imperfectos con descuento. Como dice la compañía “Pepinos torcidos, tomates deformes y pimientos no tan rojos son tan deliciosos y nutritivos como los ‘otros’ y ¡menos caros!”

Si pudiéramos aplicar todas estas soluciones y evaluarlas, los alimentos aprovechados podrían alimentar a millones de personas hambrientas, preservar recursos y tendrían un gran impacto frente a una de las principales causas del cambio climático.

No necesitamos de un científico de la NASA para resolver este problema tan tonto. Nosotros mismos podemos hacerlo.

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