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Outrider cree que los desafíos globales que enfrentamos juntos deben resolverse trabajando juntos.

Entre las mayores amenazas para el futuro de la humanidad se encuentran las armas nucleares y el cambio climático global. Outrider hace la audaz afirmación de que ambas amenazas pueden superarse, y no solo por los hacedores políticos, sino también por las personas con las herramientas adecuadas e inspiración.

Las armas nucleares

Tomemos la paz en serio

by Lovely Umayam

¿Cuál es el futuro del compromiso público en la búsqueda de la paz y de un mundo libre de armas nucleares?

Considera un artefacto de la era nuclear frecuentemente olvidado: fotografías en blanco y negro del Parque Central en la ciudad de Nueva York, el 12 de junio, 1982. Son fotografías de manifestaciones. Una multitud de personas en medio de enormes pancartas coloridas que flotaban sobre sus cabezas: “No más bombas”, “Detengamos la carrera armamentista”, “Probemos la paz”.

Es fácil dejar que la mirada se extienda sobre la masa homogénea de personas que, según las noticias llegó a un millón. Pero si uno se concentra, saltan a la vista rostros individuales. Hombres con espesos bigotes, estirando el cuello para poder ver mejor. Mujeres, cabello al viento, protegiendo los ojos con las manos para bloquear el sol. La mirada de determinación en cada uno de sus rostros atraviesa el tiempo, comprimiendo la brecha entre las épocas. Las personas que impulsaron la manifestación en contra de las armas nucleares en 1982, la mayor protesta por el desarme nuclear en la historia de los Estados Unidos, nos resultan familiares. Parece que podrían ser nuestros amigos de hoy.

A young girl holds a sign that reads, "No more bombs I love Earth".

Una niña lleva una pancarta durante una protesta contra las armas nucleares.

Anthony Casale/NY Daily News Archive/Getty Images

Treinta y siete años después, Estados Unidos todavía no ha vuelto a ver una muestra similar de ciudadanos defensores de la seguridad nuclear y el desarme. La propagación de armas nucleares continúa siendo una gran amenaza internacional para casi siete de cada diez estadounidenses, pero está por detrás del terrorismo y la propagación de las enfermedades infecciosas. La gente parece menos dispuesta a participar en el diálogo, y mucho menos a protestar. La disensión civil se ha aglutinado en torno al cambio climático, el racismo y la brutalidad policial, amenazas que hoy en día son más próximas, violentas y palpables. La fotos que se tomaron ese agradable sábado en 1982 se han convertido en recordatorios, dulces y amargos al mismo tiempo, de lo que era el interés público en los asuntos nucleares en su mejor momento.

Yo también, con frecuencia, me pregunto si el ciudadano moderno de hoy adoptaría esta causa. No me refiero a un perito en política con mucha experiencia, o a un activista contra las armas nucleares, sino a los vecinos del frente dispuestos a dar su tiempo para lograr un mundo libre de armas nucleares. ¿Existen? ¿Quiénes son hoy por hoy? ¿Dónde están?

Entonces, conocí a uno de ellos. Su nombre es Andre.

climate protestors hold signs

El 20 de septiembre, 2019 en la ciudad de Nueva York, los manifestantes marchan durante una huelga para exigir que se tomen medidas para aliviar la crisis climática. Jóvenes de todo el mundo, inspirados por la adolescente activista sueca Greta Thunberg, se lanzaron a las calles para exigir medidas para combatir el cambio climático, formando parte de lo que se podría considerar la manifestación climática más grande de la historia.

Spencer Platt/Getty Images

Estaba en una conferencia abierta a los estudiosos de la política nuclear, a los activistas en ciernes y a los transeúntes habituales curiosos por el evento. Andre pertenecía a la tercera categoría; había decidido pasar por allí para escuchar a los panelistas dado su interés en las causas progresistas. Alto y larguirucho, un poco desaliñado, Andre esperaba pacientemente a un extremo del auditorio. Acababa de escuchar mi presentación sobre política nuclear y el compromiso público, y quería conversar conmigo más tarde. En lugar de hacerme preguntas sobre políticas específicas, se dirigió a mi con una pregunta sencilla pero irresistible: ¿qué significa la paz para usted?

La paz y un mundo libre de armas nucleares son ideas inseparables, [que se evidencia] hasta en el mismo símbolo creado por activistas hace más de sesenta años. El signo de la paz, un círculo con líneas estiradas como brazos que invitan a un abrazo, se deriva de una bandera de señales que representa las letras “ND”, abreviación de nuclear disarmament, o desarme nuclear. Pero, con el paso del tiempo, el símbolo ha adquirido un significado adicional. Mientras hablábamos, Andre y yo salimos del auditorio. Acordamos que, si bien el desarme nuclear es una dimensión clave de la paz, la violencia persistirá como parte de la experiencia humana. El desarme, como lo dijo E.B. White, es un “relajamiento temporal de la tensión” y no puede prometer la paz por sí solo. Pues entonces, ¿qué significa alcanzar una existencia pacífica? Mientras lo analizábamos, me enteré de que Andre tiene unos 30 años, es un kickboxer que se ha convertido al budismo y que ayuda a recaudar fondos para médicos que operan en zonas de conflicto. Todavía no ha encontrado su camino en la vida, y solo sabe que quiere guiarse por una brújula moral que lo acerque a la paz.

hand drawn peace symbol

Boceto del símbolo del desarme nuclear por Gerald Holtom.

Commonweal Collection, University of Bradford

La pregunta de Andre resume lo que muchos jóvenes sienten al heredar un mundo complejo y caótico. Mientras que la población del mundo tiende a ser de la tercera edad, es la siguiente generación la que impulsa el cambio social. Los expertos los llaman “Generación Posible,” los Millennials y la Generación Z, dispuestos a poner su visión política y su poder adquisitivo al servicio de las causas que les importan. Con el advenimiento del crowdsourcing directo, los millennials han revigorizado la donación y el voluntariado en pro de la responsabilidad social. Alrededor de 87% de la generación Z considera que la política es importante, mientras que 85% sostiene que dejarían de respaldar o usar marcas cuyas prácticas empresariales no sean éticas. Esta cultura basada en valores dio paso a movimientos y revoluciones en todo el mundo en favor de la justicia racial, la igualdad de género, los derechos LGBTQ+, el cuidado del medio ambiente y los ideales democráticos. Pero la multiplicidad e intensidad de estos problemas son una cruz muy pesada de llevar; la creciente presión por salvar al mundo de todo puede convertirse en ansiedad generacional, agotamiento y desilusión. La justicia social también da lugar a diferentes visiones del futuro en relación a la identidad, los derechos humanos y la ideología política, una multitud de significados que inadvertidamente, pueden presentar un enfoque ambiguo, si no fragmentado, que enmarca el trabajo como una competencia entre todas las aflicciones del mundo.

Durante nuestro paseo, Andre ofreció una visión diferente de la paz. La comparó con otro símbolo universal: la mano. Los dedos son dígitos independientes unidos por la palma. De la misma manera, nuestros dilemas actuales pueden parecer separados unos de otros, pero en realidad, tienen un anclaje central que no puede verse o sentirse inmediatamente. Andre reflexionó, en voz alta, si la paz es ese agente unificador, una convicción de que las acciones individuales, por muy irrelevantes o descoordinadas que parezcan, convergen para crear un futuro más armonioso y equitativo. Visto de este modo, la paz no es un estado final sino un comportamiento. Y, por extensión, se expresa continuamente, es decir, es siempre un trabajo en curso, en lugar de ser algo que debe alcanzarse. La paz, por tanto, se convierte en algo más que un solo acto, sino que trata de elevar a todos y a todo lo que la rodea hacia ese bien central y mayor.

protest in washington dc

El 6 de junio de 2020 en Washington, DC, manifestantes marchan por la Avenida Pennsylvania durante una protesta contra la brutalidad policial y el racismo. Este era el duodécimo día de manifestaciones pacíficas tras la muerte de George Floyd, un afroamericano que fue asesinado en custodia policial el 25 de mayo, 2020.

Drew Angerer/Getty Images

El aire fresco de la noche nos acarició, renovador, tal y como la perspectiva de Andre. Fue un bienvenido recordatorio de que hay innumerables caminos hacia la paz, incluida la lucha contra las armas nucleares. Su relevancia nunca disminuyó, solo se volvió a fundar para dar lugar a otros problemas que aquejan al mundo de hoy. Es aquí donde el verdadero significado de la palabra “paz” se aleja de las nociones tradicionales de “seguridad” que se aplica al razonamiento propio de las armas nucleares: en la vida, la paz no se adhiere a una perspectiva de suma cero, siempre o nunca. Más bien, la paz es, como lo observa la académica Ximena Davies-Vengochea, una opción social dinámica y a tono con la cultura. Siempre hemos tenido esta definición a nuestra disposición, si estamos dispuestos a escucharla y recibirla. Durante la ceremonia de investidura del presidente estadounidense Joe Biden, la poeta Amanda Gorman lo expresó claramente con estas  agudas palabras: “Porque siempre hay luz. Si tan solo fuéramos tan valientes como para verla. Si tan solo fuéramos tan valientes como para encarnarla.”

Desear que la opinión pública les dirija toda su atención a las armas nucleares hoy en día no es fructífero ni satisfactorio; la tarea más importante que tenemos por delante es articular cómo un mundo libre de armas nucleares está ligado a otros objetivos pacíficos. ¿Cómo se relaciona con el antirracismo o con la preservación del medio ambiente? ¿Existe una conexión real, y de ser así, qué forma toma en la práctica? A veces, el gesto más significativo es el más humilde: compartir el protagonismo y dejar que los demás lleven la delantera. Hacerlo podría revelar exactamente lo que se necesita para actualizar las demandas en esas pancartas que nuestros antepasados llevaron, orgullosamente, en las manifestaciones en 1982. Cuando la producción, la detonación y la amenaza del uso de las armas nucleares explota desproporcionadamente a generaciones de personas de color en todo el mundo y las tierras que habitan, la lucha por justicia racial y ambiental está ligada, indiscutiblemente, al llamado de “no más bombas”.

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Cuando Andre y yo nos agradecimos por una cordial conversación y nos despedimos, el cielo límpido ya tenía un atisbo de la oscuridad de la noche. Andre es el retrato ideal del ciudadano aliado moderno; puedo imaginármelo en esas viejas fotografías, hombro a hombro con los hombres y mujeres que formaron la columna vertebral de esa manifestación. Pero agradezco haberlo conocido como lo hice, durante una caminata reflexiva por calles modestas, la vida normal a nuestro alrededor. Es allí donde me di cuenta de que nuestro conocimiento nuclear no solo está formado por los hechos, sino por el contacto con la gente de a pie que, a su manera, está tratando, lo mejor que puede, de encarnar la luz. En ese momento, Andre se convirtió en un compañero formidable, sus preguntas sobre la paz una especie de diapasón que me ayudó a volver a alinear mi conocimiento con un objetivo más grande. Nuestra conversación allanó el campo entre el experto y la audiencia.  

Me reconfortó saber que, al igual que muchos jóvenes hoy en día, tiene la intención de tejer los hilos que unen todos los aspectos de la justicia social. Si los expertos nucleares, los académicos y los activistas aceptan esta convergencia, podrían descubrir que el poder del pueblo siempre estuvo de su lado.

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