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El Cambio Climático

COVID y el clima: un anticipo en tiempo real de la próxima calamidad en la salud pública

by Dr. Chirantan Mukhopadhyay and Dr. Joel Charles
July 20, 2021

COVID-19 nos está dando un anticipo aterrador de las consecuencias de nuestro maltrato a la naturaleza y a los demás.

Nota del redactor: Este artículo fue producido en asociación con Wisconsin Health Professionals for Climate Action. Se han comprometido a comunicar que la crisis climática mundial es una emergencia de salud pública, y a abogar por soluciones equitativas para disminuir el impacto del cambio climático en la salud pública. Este artículo es el primero de una serie que aborda la salud humana, el cambio climático y la justicia social.

La continua falta de respeto por el mundo natural precipitó esta crisis de salud pública y está agravando la siguiente. COVID también puso de manifiesto la desigualdad en nuestro sistema de salud pública en un momento de ajuste de cuentas racial en todo el mundo. Y aún cuando comenzamos a ver el final de la pandemia, podemos vislumbrar una emergencia de salud pública más grande, más peligrosa y más injusta, de nuestra propia creación: la crisis climática mundial. La alteración de la sociedad por el cambio climático hará que COVID parezca un inconveniente menor.

Las dos están ligadas de muchas maneras. Las dos son fenómenos mundiales que tienen impacto local. Ambas requieren urgentemente de la cooperación internacional para abordarla efectivamente. Ambas afectan negativamente de manera desproporcionada a los pobres y a las comunidades de color. Ambas requieren de estrategias de adaptación que priorizan a estas comunidades vulnerables. Ambas afectas a todos y cada uno de los seres humanos en el planeta, y en el caso de la crisis climática, a todos los seres vivos.

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Muchos de los procesos que impulsan el cambio climático, incluida la degradación del medio ambiente, hacen que las pandemias sean más probables, cada vez más desiguales y más mortales. Es una profunda injusticia que el principal impulsor del cambio climático, la quema de los combustibles fósiles, perjudique desproporcionadamente a aquellos que menos contribuyen al problema: las comunidades de color y los pobres.

Estas comunidades, víctimas del racismo sistémico en el campo de la medicina, ya tenían peor situación sanitaria en prácticamente todo aspecto cuando empezó la pandemia. Han pasado su vida respirando aire más contaminado, lo que los enferma y los hace más vulnerables al COVID-19. Esta disparidad, junto con los factores económicos que los hicieron menos capaces de adaptarse a la pandemia, les ha causado un riesgo mayor de contraer COVID-19 y de sufrir peores resultados.

Los profesionales en el campo de la salud denominan a esta confluencia de factores “el determinante social de la salud”. Además de los genes, la salud – un estado de total bienestar, no simplemente estar libre de enfermedad – está determinada por el acceso a alimentos nutritivos, un techo, medios de transporte limpios, educación, oportunidades laborales, actividad física, relaciones sociales y atención médica. Estamos viendo ahora en tiempo real la vital importancia del medio ambiente como otro determinante.

El 7 de septiembre, 2020, en un muelle en Manhattan Beach, California, en medio de la pandemia por el COVID-19, un letrero les recuerda a los transeúntes que la multa por no llevar barbijo puede ascender a $350; Getty

El 7 de septiembre, 2020, en un muelle en Manhattan Beach, California, en medio de la pandemia por el COVID-19, un letrero les recuerda a los transeúntes que la multa por no llevar barbijo puede ascender a $350;

Getty

Los seres humanos se desarrollan en un estrecho rango de condiciones ambientales que incluyen un clima estable y una gama de exposición a enfermedades transmitidas por animales, o enfermedades zoonóticas. Los ecosistemas intactos son fundamentales para mantenerlos. Si bien el cambio climático no causó la pandemia de COVID-19, sí está provocando una rápida pérdida de la biodiversidad, que, junto con la destrucción deliberada de los biomas de la Tierra, están acelerando la transferencia de enfermedades de origen animal a los seres humanos. Aunque estas enfermedades puedan parecer exóticas, representan una alta proporción de enfermedades en los seres humanos. El VIH y el ébola son dos ejemplos muy conocidos de estas enfermedades.

La destrucción de los ecosistemas, impulsada por nuestra implacable expansión en el entorno natural, hará que las plagas globales sean más frecuentes y mortales. El 60% de las enfermedades infecciosas emergentes se originan en animales y dos tercios de estas proceden de la fauna silvestre. La fragmentación de los hábitats aumenta el riesgo de que las nuevas zoonosis salten a los seres humanos y empeoren las infecciones existentes. En el Amazonas, por ejemplo, un estudio reveló que un aumento de la deforestación en un 4% incrementaba la incidencia de malaria en casi un 50%. Se calcula que ya existen cerca de 3.000 cepas de coronavirus en los murciélagos. 

La crisis climática no solo está creando las condiciones que facilitan la propagación de enfermedades transmitidas por vectores sino que hará que sea más difícil luchar contra las pandemias futuras. La frecuencia y la gravedad de los fenómenos meteorológicos extremos provocados por el cambio climático harán que sea más difícil la distribución de medicamentos y pondrán a prueba nuestra infraestructura, por cierto ya sobrecargada. Estos fenómenos imposibilitarán refugiarse en el lugar. La migración climática llevará a un aumento de la densidad de la población local, creando condiciones que podrían exacerbar la propagación de enfermedades.

Durante la pandemia por el COVID-19, una manifestante lleva una máscara protectora al hacer oír su voz en apoyo a la huelga climática organizada por el movimiento Save the Climate, luego de la iniciativa internacional liderada por la activista sueca Greta Thunberg para exigir medidas ambientales en defensa del planeta; Getty

Durante la pandemia por el COVID-19, una manifestante lleva una máscara protectora al hacer oír su voz en apoyo a la huelga climática organizada por el movimiento Save the Climate, luego de la iniciativa internacional liderada por la activista sueca Greta Thunberg para exigir medidas ambientales en defensa del planeta; 

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Todavía podemos detener algunos de los peores efectos del cambio climático, y debemos adaptarnos a aquellos que no logremos detener. Esto significa crear resiliencia al clima en todos los planos de nuestra civilización, empezando con las comunidades de color. Estas comunidades están más expuestas y tienen una menor capacidad para protegerse. La pandemia ha demostrado esta dinámica: al no proporcionar los fondos para que estos empleados en el área de servicio puedan quedarse en casa, ellos se vieron forzados a salir a trabajar, atizando así la dispersión de la infección que nos afectó a todos. Cuando una persona es vulnerable, esto nos hace vulnerables a todos. Cuando protegemos a los más vulnerables entre nosotros, nos protegemos a todos.

Ya estamos viendo cómo la contaminación causa estragos en nuestra salud. Según un asombroso estudio recientemente publicado en Environmental Research, la contaminación del aire mata a una de cada cinco personas en el mundo, más que el VIH, la tuberculosis y la malaria juntos. 

Los profesionales en el campo de la salud pública entienden que el mejor tratamiento para una enfermedad, de ser posible, es la prevención. Una persona que padece diabetes puede prevenir sus peores complicaciones – la ceguera, pérdida de las extremidades, insuficiencia renal – al cambiar su estilo de vida y tomar sus medicamentos. Pero una vez se inician estos procesos, son muy difíciles de detener. Si supiéramos que se avecina una pandemia, ¿acaso no planificaríamos con anticipación? No lo hicimos, y después de millones de vidas perdidas y miles de millones de dólares en ingresos perdidos, todavía no se vislumbra un final claro. Con la crisis climática, tenemos la previsión de ver lo que se avecina. ¿Tenemos la Fortaleza para tomar nuestra medicina?

El Dr. Chirantan Mukhopadhyay es un oftalmólogo y un becario para el estudio de la retina en la Universidad de Iowa. Le apasiona la atención al paciente, la educación y la salud pública. Cuando los Estados Unidos se retiraron del Acuerdo de París, y luego del nacimiento de su segundo hijo, adquirió un profundo interés por el cambio climático. Cree que la acción es la mejor cura para la desesperación.

El Dr. Joel Charles es un médico de familia que ejerce en la zona rural del suroeste de Wisconsin, donde es el director médico de la Kickapoo Valley Medical Clinic. Obtuvo su título en medicina y maestría en Salud Pública de la Facultad de Medicina de la Universidad de Wisconsin, esta última con una concentración en el clima y la salud. Asistió a estos dos programas como beneficiario de la beca para estudios de posgrado Jack Kent Cooke. Completó su residencia en Sutter Santa Rosa Family Medicine. Luego de retornar a Wisconsin, ayudó a fundar y se convirtió en el presidente de Profesionales del Área de Salud de Wisconsin por la Acción Climática, un grupo de profesionales de la salud comprometidos a luchar por soluciones equitativas a la crisis climática. Tiene un hijo de dos años y medio, Finn, y una bebé, Juniper, que lo ayudan a recordar por qué hace este trabajo.

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