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El Cambio Climático

La lucha contra el cambio climático más allá del sector energético

by Dr. Isabel Studer
September 29, 2021

La crisis climática está aquí. Contamos con las herramientas para evitar los peores resultados si nos lo proponemos. Cuáles son estas herramientas y qué tan rápido podemos desplegarlas?

La crisis climática no está reservada para un futuro distante. Hoy, los incendios intensos, los feroces huracanes, las temperaturas récord en el Pacífico Noroeste de los Estados Unidos y Canadá, así como las inundaciones en Alemania y China pintan un panorama apocalíptico que la comunidad científica climática ha predicho por décadas.

De hecho, en el último reporte del Panel Intergubernamental de Cambio Climático de las Naciones Unidas, la comunidad científica internacional sonó una vez más la alarma, dejando claro que necesitamos actuar rápidamente o enfrentar las consecuencias más devastadoras de la crisis climática. Específicamente, esta evaluación científica, que está basada en metodologías mejoradas de miles de científicos alrededor del mundo para lograr una mayor certidumbre científica, también advierte que, a menos de que alcancemos reducciones inmediatas, rápidas y de largo alcance en las emisiones de carbono, “limitar el calentamiento a cerca del 1.5º C o aún 2º C ya no será posible”. Sencillamente, las conclusiones de este reporte son muy, muy serias.

Para lograr la meta establecida en el Acuerdo de París de evitar el aumento de la temperatura planetaria a más de 1.5º C, debemos reducir a la mitad las emisiones de carbono a nivel global para el 2030. El grueso de este esfuerzo exigirá sin duda una transformación profunda del sector energético, ya que tres cuartas partes de las emisiones de carbono en el mundo provienen del consumo y la producción de combustibles fósiles. Transitar hacia la adopción de las energías renovables, como la solar, la eólica, la hidráulica, así como los biocombustibles, será crucial para enfrentar la emergencia climática. La mejor parte es que podemos hacerlo.

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Sin embargo, aunque la transformación del sector energético para combatir la crisis climática,  el que la energía sea omnipresente en nuestras vidas complica la transformación de este sector en el corto plazo. Aún con un esfuerzo consistente para limitar la demanda energética, tomaría décadas para lograr la reducción de emisiones que hoy necesitamos. Es claro que no contamos con el tiempo para transformar el sector energético, por lo que también debemos reducir emisiones de otras fuentes, particularmente del sector de la tierra. La adopción de sistemas de agricultura regenerativa y soluciones basadas en la naturaleza, como la conservación y restauración de los bosques, los humedales y los manglares, pudieran contribuir hasta con la tercera parte de la reducción de emisiones necesaria para evitar el aumento a más de 1.5º C la temperatura planetaria. Estas soluciones basadas en la naturaleza son entonces un arma esencial en la lucha contra la crisis climática.

También existen beneficios adicionales derivados de la adopción de las soluciones basadas en la naturaleza, pues pueden detener la pérdida acelerada de la biodiversidad—casi un millón de especies están en riesgo de extinción. Pueden además asegurar la disponibilidad y calidad de los recursos hídricos y de los suelos, así como incrementar la productividad agrícola y mejorar la salud por sus efectos positivos en la calidad del aire. Estas soluciones también pueden prevenir las enfermedades zoonóticas, como la COVID 19, y, por ende, pandemias futuras.

No debe sorprender entonces el que, hoy, muchos expertos favorezcan la protección del 30 por ciento de los recursos terrestres e hídricos en el planeta. Tal meta requeriría una inversión de $140 mil millones de dólares anualmente. Aunque esta cantidad parece enorme, solo representa una tercera parte de los subsidios gubernamentales combinados para los sectores alimentario, de extracción de energía y minería, así como el de infraestructura, mismos que han contribuido al colapso de la biodiversidad alrededor del mundo.

La biodiversidad también es esencial, y de hecho más eficiente que las soluciones de infraestructura, para mejorar la resiliencia y reducir la vulnerabilidad climática. Por ello, la desaparición de dichos subsidios y su reorientación para financiar la restauración y preservación de la biodiversidad debería convertirse en otra prioridad de la agenda climática. Y, algo más, sin biodiversidad la humanidad dejaría de existir. Por ello, estas soluciones basadas en la naturaleza son esenciales en la lucha climática.

Una mamá en Etiopía le enseña a su hijo cómo plantar un árbol

Una mamá en Etiopía le enseña a su hijo cómo plantar un árbol 

Eyoel Kahssay on Unsplash

También las acciones asociadas a los sistemas alimentarios. La ganadería es la fuente de más de dos terceras partes de las emisiones agrícolas. Según McKinsey & Co, si las emisiones derivadas de la producción de carne se contabilizaran como las de un país, serían la segunda fuente de emisiones más importante en el mundo. Por ello, será imposible lograr la meta del 1.5º C sin cambiar nuestra dieta. Desafortunadamente, las proyecciones actuales muestran todo lo contrario: un aumento entre el 15 por ciento y el 20 por ciento del consumo de carne para el 2050 crecerán debido a la emergencia de la clase media alrededor del mundo.

Junto con el cambio en la dieta, la reducción del desperdicio de alimentos puede convertirse en otro asunto crítico en la acción climática. Tal desperdicio representa una tercera parte de toda la producción alimentaria. Pensemos en esto, desperdiciamos una tercera parte de los alimentos que producimos. Cuando desperdiciamos el alimento, también desperdiciamos la energía que invertimos para plantar, cosechar y transportar el alimento. Además, el desperdicio termina en tiraderos que producen metano, un gas efecto invernadero más potente que el dióxido de carbono. El Fondo Mundial para la Vida Silvestre estima que, solamente en los Estados Unidos, la producción desperdiciada genera el equivalente a las emisiones de carbono de 32.6 millones de vehículos. En suma, una dieta basada en plantas y la reducción del desperdicio alimentario son medidas efectivas e inmediatas que ayudarían a atender la emergencia climática. Deben por tanto ser incluidas en cualquier plan relevante para revertir las tendencias asociadas a la crisis climática.

En la COP 26 de Glasgow, los países tendrán que mostrar mayores niveles de ambición para enfrentar la crisis climática. Si bien será crucial que surja un plan de largo plazo para reducir de manera drástica las emisiones asociadas con el sector energético, lo será también el que se logre un compromiso para adoptar soluciones basadas en la naturaleza. Con ello, los países podrían renovar su ambición para lograr la meta del 1.5º C, al tiempo que aumentarían la resiliencia y reducerían la vulnerabilidad climática en el corto plazo. Contamos con las tecnologías y la ciencia para guiar las decisiones políticas y la creciente conciencia sobre los riesgos climáticos. Sin embargo, queda por verse si contamos con la resolución para evitar los peores impactos climáticos para las generaciones presentes y futuras. Espero que estemos a la altura de las circunstancias, pues la alternativa es un futuro oscuro para la humanidad.

Isabel Studer es Doctora y Maestra en Relaciones Internacionales de la Universidad de John´s Hopkins y Licenciada en Relaciones Internacionales en El Colegio de México. Es Directora de Alianza Universidad de California-México. Fue Directora Ejecutiva para México y Centroamérica y Directora de Alianzas Estratégicas para América Latina, en The Nature Conservancy (TNC). Además de su experiencia en el gobierno federal, en la AMEXCID, la SRE y la SEMARNAT, Isabel fundó y dirigió el Instituto Global para la Sostenibilidad en el Tecnológico de Monterrey. Es Presidenta del Consejo de Iniciativa Climática de México y de Sostenbilidad Global así como miembro del Consejo Directivo del World Environment Center, del Grupo de Expertos en Sostenibilidad de Dow Chemical, entre otros. En 2018 y 2019 fue nombrada por la Revista Forbes como una de las “100 Mujeres más Poderosas de México”. Tiene múltiples libros y otras publicaciones sobre cambio climático y sustentabilidad. Isabel es columnista en El Heraldo de México y comentarista en diversos medios de comunicación sobre estos temas

 

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